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Cada vez existe más evidencia de que la EPOC no sigue una única trayectoria de desarrollo. Hoy sabemos que diferentes trayectorias de la función pulmonar a lo largo de la vida pueden conducir a la enfermedad, y comprender estos patrones es fundamental tanto desde la perspectiva de la salud pública como de la práctica clínica.

El desafío es que identificar la trayectoria de un individuo requiere disponer de espirometrías seriadas desde la infancia, información que rara vez está disponible en la práctica diaria. Por ello, existe una necesidad creciente de encontrar herramientas más accesibles que permitan reconocer precozmente a las personas con mayor riesgo de desarrollar EPOC.

En este contexto, el reciente trabajo publicado en Respirology por Bui y colaboradores representa un avance muy interesante.

Utilizando una cohorte única con seguimiento de la función pulmonar desde los 7 hasta los 53 años, los autores identificaron diferentes trayectorias de FEV₁/FVC y evaluaron si determinados biomarcadores sanguíneos podían diferenciar dichas trayectorias de pre-COPD.

Los resultados demostraron que biomarcadores como CC16, sRAGE, Surfactant Protein D (SPD) y varias citocinas, entre ellas IL-5, IL-17A e IL-10, difieren significativamente entre las trayectorias de pre-COPD y los individuos con función pulmonar normal. Además, estos biomarcadores permitieron distinguir pacientes con una rápida declinación funcional de aquellos con trayectorias relativamente estables.

Quizás el hallazgo más relevante sea que los procesos biológicos característicos de la EPOC, como el daño pulmonar y la inflamación, ya están activos durante la fase de pre-COPD, mucho antes del diagnóstico clínico de la enfermedad. Esto refuerza el concepto de que la EPOC comienza años antes de que aparezca la obstrucción persistente al flujo aéreo.

Estos hallazgos abren la puerta al desarrollo de algoritmos que integren biomarcadores e historia clínica para la detección precoz, la estratificación del riesgo y, potencialmente, la implementación de estrategias preventivas más tempranas y personalizadas.

Como alergóloga e investigadora clínica, considero que este trabajo representa un verdadero cambio de paradigma. Durante décadas nos enfocamos en diagnosticar y tratar la EPOC establecida; hoy comenzamos a pensar en identificar la enfermedad en sus etapas preclínicas, cuando todavía existe la posibilidad de modificar su evolución.

Sin duda, la validación de estos biomarcadores en otras cohortes será un paso indispensable antes de su incorporación a la práctica clínica, pero el camino hacia una medicina respiratoria más preventiva y de precisión ya está claramente delineado.

¿Creen que en los próximos años los biomarcadores formarán parte de la evaluación rutinaria de los pacientes con riesgo de desarrollar EPOC?